valores civiles:
La educación en los valores está de moda. La familia y la escuela, los gobiernos y diversos grupos sociales buscan enseñar y promover valores entre la gente, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes, aunque también entre los adultos.
La pregunta resulta necesaria: ¿cuáles valores? La lista de valores es inmensa. Existen, además, valores que son más apreciados por algunos pueblos y culturas, mientras que otros valores son menos apreciados. Los valores enseñados en el pasado no son los mismos que los enseñados en el presente.
Para responder, resulta necesario aclarar qué es “valor”. Se trata de una propiedad o una dimensión que descubrimos en “algo” y que perfecciona a quien escoge ese “algo”.
La definición es intencionalmente abstracta. Bajémosla a algunos ejemplos. Juan y Matilde tienen hambre. En la nevera encuentran quesos y jamones, tomates y pescado congelado. Cada uno de esos alimentos puede satisfacer, de modos distintos, el hambre de Juan y de Matilde: es “valioso” para empezar a comer. Si, además, alguno de esos alimentos es más saludable y permite cumplir con una dieta impuesta por los médicos, su “valor” aumenta, sin que el alimento haya cambiado, porque “perfecciona” más a quien lo come desde su situación particular.
En palabras más sencillas, el valor de “algo” (un objeto, una idea, un acto, una persona) consiste en su poder perfeccionar a alguien, a quien escoge ese “algo”, y mucho (no todo) depende de quién es ese alguien que escoge ese “algo”.
Nos damos cuenta de que existen un número inmenso de valores. El balón de fútbol tiene un valor muy grande para miles de niños, mientras que interesa muy poco a muchos ancianos. El color de la ventana es un valor para dos recién casados. El trabajo realizado con gusto es un valor para el campesino, el oficinista o el conductor de camiones. La participación en misa todos los domingos es un valor para los católicos que quieren vivir en serio su fe.
Entre la multitud de valores, descubrimos que unos son más importantes, más hermosos y más nobles, porque llegan a aspectos centrales del corazón humano. Otros valores, en cambio, tienen una importancia menor, porque quedan en lo periférico, o porque producen un resultado muy pobre (el placer o la autocomplacencia son resultados efímeros y vanos de quien escoge valores empobrecedores), o porque satisfacen un deseo pero dañan al mismo tiempo dimensiones profundas de las personas. ¿No es un valor conseguir más dinero, pero no es un daño enorme conseguir ese dinero a través de un fraude?
Las diferencias que existen entre los valores permiten establecer una jerarquía entre los mismos. Hay valores más importantes y otros más accesorios. Hay valores que llegan al espíritu y otros que miran sobre todo al cuerpo. Hay valores que promueven la unión y la armonía entre los hombres y otros que llevan al egoísmo y a la violencia. Hay valores que sirven sólo para la vida terrena y otros que llegan a la vida que existe tras la muerte.
Cuando entendemos lo que es un valor, descubrimos que casi siempre está acompañado por un “antivalor” o un “desvalor”. El valor de la solidaridad encuentra su antivalor en la insolidaridad. El valor del respeto tiene su correspondiente antivalor en el desprecio, etc.
A lo largo del siglo XX algunos filósofos elaboraron listas de valores y establecieron una escala de los mismos. Como un ejemplo, tomado del P. Joseph de Finance (1904-2000), podemos clasificar los valores en estos grupos:
a. Valores infrahumanos: existen realidades que valen para el ser humano en su dimensión más periférica. Por ejemplo, el placer, la fuerza física, la salud. Como dijimos, cada uno de esos valores tiene sus antivalores (el dolor, la debilidad, la enfermedad, etc.).
b. Valores económicos y “eudemónicos”: realidades con las que el hombre cree alcanzar cierta ganancia o beneficio desde el cual puede luego conquistar otras metas. Por ejemplo, el valor de la prosperidad, del triunfo, del dinero, etc.
c. Valores espirituales: realidades que valen porque permiten al hombre satisfacer sus deseos más profundos como persona, el conocer y el amar. Aquí encontramos los siguientes grupos de valores: del conocimiento (la verdad, la perspicacia, la memoria), de la experiencia estética (la belleza), de la vida social (la cohesión, la armonía, la solidaridad). También entran aquí los valores de la voluntad (fuerza de carácter, constancia). Algunos de estos valores se poseen de modo casi espontáneo; otros sólo pueden ser alcanzados después de un largo trabajo de formación y de esfuerzo.
d. Valores morales: son valores que tocan al ser humano en lo más profundo de sí mismo, en el uso de su libertad, en su responsabilidad. La enumeración podría ser larga, pero podemos mencionar los siguientes: la bondad de corazón, la rectitud de conciencia, la sinceridad, la autenticidad, la lealtad, la laboriosidad, la fidelidad, la generosidad, la servicialidad, la magnanimidad, la justicia, la honradez, la gratitud, etc.
e. Valores religiosos: son valores que se refieren a nuestras relaciones con Dios. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, el valor de la oración, de la piedad, de la veneración, etc.
Si analizamos algunos programas para educar en los valores, notamos en seguida la ausencia de muchos de los valores que acabamos de mencionar, y la presencia de otros valores que tienen su importancia, pero que no son esenciales para la vida humana.
Por ejemplo, se habla mucho de la tolerancia, del respeto, de la apertura, del diálogo. Pero se olvida que cada uno de esos valores (a veces son virtudes) están relacionados o dependen de otros valores (y virtudes) sin los cuales no se consigue nada.
En otros programas hay cierta confusión, pues aparecen como superiores valores que son inferiores, si es que no se llega a mezclar valores y antivalores. Hablar, por ejemplo, del valor del sexo como si cualquier acto sexual fuese “valioso” por el hecho de producir un placer es no sólo contraproducente sino dañino, y lleva a consecuencias dramáticas al fomentar el desenfreno y la adicción (dos antivalores) en no pocos adolescentes.
Una sociedad que haga de la belleza física, de la “línea” (aparecer ante los demás con una figura juvenil), de la fuerza o del dinero los valores más importantes ha perdido la cabeza y avanza hacia su desintegración profunda, con consecuencias funestas en las vidas de miles de personas.
Para evitar esos errores, cualquier auténtica educación en los valores necesita reflexionar seriamente sobre lo que es el hombre y sobre aquellos bienes valiosos que le permiten acometer su existencia humana de modo correcto y bueno. Sólo con una buena antropología podemos reconocer la jerarquía de valores que pone a cada cosa en su sitio.
Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana: su relación temporal y eterna con Dios y con los otros seres humanos. Luego siguen los valores del espíritu, que incluyen la disciplina mental para acceder a la verdad, para “retenerla” con una buena memoria y expresarla de modo claro y honesto; la fuerza de voluntad, que permite comprometerse en el trabajo, en el estudio o en las mil actividades de la vida familiar; la solidaridad, que lleva a los hombres a unir sus esfuerzos en la construcción de un mundo más acogedor; la justicia, que permite no sólo respetar los acuerdos o los derechos ajenos, sino promoverlos allí donde todavía son pisoteados... La lista podría ser muy larga, pero da una idea de lo urgente que es elaborar buenos programas de formación en los valores.
Una sociedad que sepa proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?
respeto al medio ambiente:
predicar con el ejemplo
La derrama económica y la creciente oferta de empleos ligados al turismo posibilitaron que Puerto Peñasco aumentara rápidamente su población y creciera la mancha urbana. Sin embargo, los problemas de tipo ambiental prosperaron. El turismo playero no necesariamente tiene un efecto positivo en cuanto a la sustentabilidad de la actividad. El turismo y el asentamiento urbano demandan altas cantidades de agua, por consiguiente se abaten los escasos mantos acuíferos del desierto y aumenta la intrusión salina, las zonas de manglares son arrasadas para levantar cortinas de hoteles y condominios, los campos de golf sustituyen a las dunas de arena y el entretenimiento de tipo motorizado acaba con la flora desértica.
El turismo también tiene un costo social y urbano significativo, el crecimiento acelerado de la ciudad se liga a un progreso de la precarización de las condiciones de vida de los nuevos residentes, tenencia ilegal de suelo urbano, encarecimiento del suelo urbano, aumento de la inseguridad y la imposibilidad del gobierno local de proveer de equipamiento e infraestructura urbana, además de planear y conducir el crecimiento de la mancha urbana. Las nuevas zonas de turismo playero no son accesibles para la población más que en calidad de trabajadores y empleados en los servicios.
Las expectativas de desarrollo para este puerto turístico de acuerdo a las políticas públicas implementadas por el Estado y los empresarios del turismo son por demás relevantes. Así lo demuestra la creciente inversión inmobiliaria, el aumento de la plusvalía del suelo urbano, el crecimiento poblacional y las transformaciones del paisaje costero. Esta situación plantea un escenario futuro con bastantes retos en la forma como se hace ciudad.
Puerto Peñasco representa la creación de un nuevo centro turístico playero en nuestro país. De allí ofrece un escenario abierto a los estudios urbanos y territoriales, más aún tratándose de un caso fronterizo que se aleja del tradicional turismo norteamericano de fin de semana que consume “mexican curios”, diversión y servicios médicos, como en Tijuana, Ciudad Juárez o Nogales. Además, ofrece la posibilidad de abundar en el urbanismo de tipo defensivo que representa la oferta de condominios para norteamericanos a lo largo de la zona costera, incipiente aún en Puerto Peñasco, pero que apunta a la similitud con los casos de Playas de Rosarito y Ensenada en Baja California.
El objetivo del trabajo será observar los procesos de segregación socio-espacial y de fragmentación urbana que en Puerto Peñasco trajo consigo el desarrollo de la actividad turística, observable en las franjas de playa urbanizadas, la ciudad y la arquitectura globalizada.
El turismo como fenómeno contemporáneo
El turismo es un fenómeno de gran trascendencia en la sociedad contemporánea. Hoy en día el turismo de masas es el ejemplo más claro de la sociedad de consumo (Bauman, 2001). La capacidad de movilización de los individuos expresado por el turismo es resultado de los cambios sociales y económicos ocurridos en el periodo posterior a la segunda guerra mundial, las mejoras en los medios de transporte y la tecnología que hicieron posible los traslados masivos y la reducción de los costos de viaje (Hernández, 2008).
En la actualidad existe en las ciencias sociales un acercamiento al turismo de masas a partir de las consecuencias de la actividad en las ciudades, el medio ambiente y el territorio. De ese modo, se observa el turismo y a la ciudad contemporánea a partir de la acentuación de la segregación social, la fragmentación del espacio y la privatización del espacio público.
Destaca el punto de vista que considera a las ciudades del turismo como “burbujas estandarizadas y producidas en masa que crean islas de riqueza marcadamente diferenciadas y segregadas del paisaje urbano circundante” (Judd, 1999, p.53). Los enclaves para el turismo, donde puede ubicarse a las ciudades de playa y sol de México, están diseñados para regular al turista en cuatro aspectos: el deseo, el consumo, el movimiento y el tiempo. Aunque esta situación se reconoce que no debe generalizarse, sobretodo a la luz de los nuevos requerimientos del turista que procura conocer al otro y trascender los marcos regulados del turismo planeado y estandarizado (Judd, 2003, p. 52).
La ciudad contemporánea encarna el espacio del deseo y la adquisición de status al organizar y jerarquizar el territorio de acuerdo a la construcción de imágenes de la simulación (Harvey, 2001). La diferenciación social está marcada por la accesibilidad o inaccesibilidad al espacio urbano de acuerdo a la capacidad del individuo para allegarse de status. En el plano de la vida urbana la maximización del deseo se ajusta a la capacidad de los grupos sociales, de modo que se favorece la exclusión social precisamente por el criterio de accesibilidad a los recursos materiales, simbólicos y a la competencia por mantener un estilo de vida basado en el consumo de bienes. La ciudad contemporánea la caracteriza la polarización social, las clases pudientes pugnan por mantener un estilo de vida a tono con la sociedad de consumo, los espacios regulados y un status social alto, a costa de la exclusión de las otras clases sociales (Amendola, 2000).
La ciudad dual (Borja y Castells, 1998) refiere la configuración de la ciudad en términos de riqueza y pobreza. La reestructuración de la sociedad informacional indica el declive y crecimiento de empresas y grupos sociales, con la consiguiente polarización y segmentación social. El espacio también se reestructura para incluir ciertos segmentos del trabajo y excluir a otros. Hablar de dualización para el caso de las ciudades del turismo significa referir los enclaves donde se hace posible la exaltación del consumo y los deseos que conforman un estilo de vida para el turista norteamericano. En contrapartida, la exclusión y segmentación del territorio y la población local muestra la dureza de la desigualdad, la segregación social y la marginalización. El urbanismo defensivo expresado por las Resort cities en franjas de hoteles y conjuntos urbanos para el turismo residencial, son resultado de esa reorganización espacial que hace de la exclusión su principal característica. En defensa de la seguridad, el deseo y la tranquilidad, se erigen las barreras para separar físicamente a los otros grupos menos favorecidos.
En cuanto a la dimensión segregada y fragmentada de las ciudades encontrada en los estudios urbanos y que se retoman para esta propuesta, Sassen (1999) observa que la ciudad contemporánea tiene un rol mayor al adquirir nuevas funciones vinculadas a la economía global. Las ciudades compiten por allegarse de la actividad financiera y los servicios avanzados principalmente, reorganizando el espacio urbano, volviéndolo atractivo para el capital global. En la reorganización del espacio se establece el carácter excluyente de la globalización al privilegiarse el desarrollo de ciertos espacios, la ciudad y los sectores sociales se fragmentan en zonas incluidas o excluidas del dinamismo global. Las ciudades del turismo despliegan mecanismos de promoción, marketing y disponen de infraestructura para crear condiciones para la competitividad. Se apuesta a la accesibilidad a los circuitos globales del turismo.
Asimismo, el ideal del espacio público que favorece la integración social y la participación de los ciudadanos, tiende a replegarse ante el nuevo modelo de ciudad que hace de los espacios privatizados su principal signo distintivo. Lo que impera en la ciudad actual es la aparición de corredores urbanos que aglutinan las relaciones sociales en ámbitos privados regulados, “Es la ciudad del espectáculo, creada y dirigida por la moderna industria del ocio, la cultura y el consumo”. (García, 2004). Las ciudades del turismo juegan con la simulación para construir imágenes de seducción y deseo, la arquitectura para el turismo de masas incorpora ambientes temáticos de fantasía y consumo a costa de privatizar el litoral y la playa.
Pero estamos ubicando que la fragmentación espacial es acompañada de fragmentación social. El espacio urbano más reciente es el escenario de la polarización social, el aumento de pobreza e inseguridad, el rompimiento de lazos sociales entre las clases sociales expresados como incentivación de las diferencias étnicas, económicas, políticas, culturales y reducción de la movilidad social. Las consecuencias de esta fragmentación social inherente a la globalización y a la ciudad, en su forma más extrema tiene como indicador espacial la segregación espacial en el urbanismo defensivo. El urbanismo defensivo en un contexto social y espacial fragmentado expresan el deseo de los grupos sociales más favorecidos por mantener un estilo de vida acorde a su condición social, vinculado a los espacios privilegiados por el desarrollo urbano y separado físicamente del contexto de pobreza, inseguro y caótico de la ciudad.
El modelo de turismo residencial ofrecido por el mercado inmobiliario en las ciudades de playa y sol apuntan a favorecer el urbanismo defensivo. Los nuevos conjuntos urbanos creados para el turista norteamericano de segunda residencia refuerzan el fenómeno de dispersión urbana y la creciente segregación de los grupos sociales en el territorio.
El turismo fronterizo
El fenómeno turístico en la frontera noroeste de México tiene su carta de presentación con la aplicación de la Ley Seca en Estados Unidos durante las tres primeras décadas del siglo XX. Con ello se favoreció la aparición de Tijuana, contigua a California, y se consolidó Ciudad Juárez, contigua a Texas, hoy en día las ciudades más populosas en la frontera norte de México. La prohibición de la producción y consumo de alcohol en Estados Unidos, permitió el establecimiento en las ciudades todo tipo de instalaciones para el entretenimiento y el placer (legales e ilegales), dirigidas a los norteamericanos, así como el advenimiento de la cultura de las drogas hoy en día el gran azote de las ciudades y de la frontera norte de México.
En la actualidad el turismo fronterizo practicado por los norteamericanos en el norte de México asume varias características que lo distinguen:
a) Turismo de fin de semana a la ciudad fronteriza. Los norteamericanos cruzan la frontera para consumir alcohol y divertirse en las cantinas y antros existentes en las ciudades fronterizas. Existe una gran industria de servicios turísticos orientados a la gastronomía, cantinas y bares, venta de artesanías, hoteles y moteles, entre otros. Tijuana, Nogales y Ciudad Juárez, son ejemplos de este tipo.
b) Turismo médico a la ciudad fronteriza. Los norteamericanos acostumbran cruzar a las ciudades fronterizas para abastecerse de medicamentos, atenderse en los servicios médicos y odontológicos que pululan en la frontera, aprovechando los costos menores de esos servicios en México.
c) turismo de segunda residencia y playa y sol. En los últimos años, los destinos turísticos del corredor Tijuana-Ensenada y Los Cabos en Baja California, Puerto Peñasco y San Carlos en Sonora, son ejemplos de este tipo. El modelo turístico corresponde a la creación de grandes construcciones hoteleras a pie del mar y la edificación masiva de segundas residencias principalmente para norteamericanos.
d) Otro tipo de turismo. Emergentemente, comienzan a practicarse, sin ser algo todavía significativo, el ecoturismo, el turismo cinegético y el turismo cultural.
Lo común en el turismo fronterizo del norte de México es su dedicación casi exclusiva al público norteamericano, el turismo nacional tiene poca relevancia en cuanto a la participación económica y el volumen de viajeros.
El turismo fronterizo tradicionalmente es una actividad que se distingue por ser practicada por norteamericanos que tienen una estancia menor a un día en las ciudades fronterizas y un gasto promedio muy bajo en las actividades ligadas al entretenimiento, el consumo de artículos artesanales y servicios médicos. En años recientes, el turismo fronterizo presenta una cara a tono con el proceso internacional y la masificación de la actividad. La transformación de ciudades como Ensenada, Los Cabos, Playas de Rosarito, Loreto y más recientemente Puerto Peñasco, son indicativas del proceso de turistificación. Para esto se aprovecha la localización fronteriza de las ciudades de playa y sol cercanas al sudoeste norteamericano y la preferencia de los turistas por viajar en automóvil.
Sin embargo, el acelerado crecimiento mostrado por las ciudades dedicadas al turismo ha propiciado la desatención de los gobiernos, en sus tres niveles, en cuanto a proporcionar servicios e infraestructura urbana a la par del desarrollo de la actividad. Los servicios turísticos todavía no son de gran calidad a pesar de la magnitud del crecimiento y las ciudades presentan serios problemas para resolver la demanda de servicios urbanos de los turistas y de la población local. Como consecuencia, las ciudades donde el turismo es una actividad significativa presentan inadecuados equipamientos turísticos, la imagen urbana se encuentra deteriorada, existen problemas de tenencia del suelo urbano, encarecimiento de la vivienda ante un aumento de nuevos residentes, un alto costo ambiental por la sustitución del paisaje natural y los problemas ecológicos ligados al crecimiento urbano, entre otros. El desarrollo de la actividad turística se circunscribe a enclaves alejados de la ciudad que no irradian sus efectos positivos integralmente.
Caso Puerto Peñasco
El impulso del desarrollo turístico operado en Puerto Peñasco en los últimos años, es resultado de la inversión privada en grandes hoteles y condominios de segundas residencias y las políticas públicas emprendidas por los gobiernos federal y estatal, tendientes a la promoción del destino y la creación de infraestructura turística. Sus 110 kilómetros de litoral lo hacen poseedor de un recurso muy valioso para la explotación de la actividad pesquera y la promoción del desarrollo turístico.
El desarrollo turístico de Puerto Peñasco se inicia con el declive de la actividad pesquera. Durante décadas la base económica y social para la ciudad y sus habitantes fue la pesca. El puerto que surgió en la segunda década del siglo XX a iniciativa de algunos norteamericanos y mexicanos aventureros, quienes descubrieron que más allá del agreste desierto se encontraba el mar y una abundante gama de especies pesqueras susceptibles de ser aprovechadas. El fenómeno del turismo en Puerto Peñasco y la ciudad misma se inicia con los primeros norteamericanos que se establecen por temporadas para pescar. La pesca que inicio como aventura y entretenimiento se constituyó en una industria floreciente durante buena parte de la historia del pequeño puerto.
A fines de la década de los ochenta se inició la decadencia para los pescadores. El Estado mexicano envuelto en una de las crisis económicas más fuertes y en plena transición de un estado de bienestar a uno de tipo neoliberal, disminuye los apoyos y subsidios económicos a las cooperativas pesqueras corporativizadas al gobierno, favorece la intromisión de empresarios privados en la actividad, permite la disolución de las organizaciones de pescadores sumidos en abrumantes deudas y fomenta la venta de sus barcos. Más recientemente, la actividad pesquera recibió un golpe extra con la declaratoria de Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California que incluye a Puerto Peñasco, la cual restringe la pesca de arrastre, altamente depredatoria del medio ambiente marino, y la explotación de especies protegidas.
Durante los 90, el tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá impulsó el acceso del capital extranjero deseoso de aprovechar las particulares condiciones turísticas que facilita el desierto de Altar y la tranquilidad del Mar de Cortés. La historia a partir de ese momento toma un rumbo distinto para el puerto.
La actividad turística en Puerto Peñasco en la década de los noventa se circunscribía a las estancias de fin de semana de los llamados “spring breakers” en las zonas de playa y grupos de jubilados norteamericanos provenientes del norte de Estados Unidos y que llegaban a pasar los inviernos. La infraestructura hotelera era incipiente y la actividad turística no sería importante hasta la aparición de las primeras cadenas hoteleras a mediados de la década y las primeras escuelas de educación media superior especializadas en la formación de personal para los servicios turísticos.
Actualmente, el desarrollo turístico no ha tenido un efecto positivo para la actividad pesquera tradicional del puerto. Por el contrario, la participación de la pesca en la economía local ha disminuido su importancia progresivamente, así como el número de individuos dedicados a la actividad; los antiguos pescadores se transforman paulatinamente en comerciantes ambulantes o establecen pequeñas fondas de comida en las construcciones de playa. En general, el sector terciario es el de mayor crecimiento y fortaleza.
Puerto Peñasco es una ciudad en rápido crecimiento urbano y del turismo. Los problemas presentados impactan en la atracción de visitantes y en las ventajas competitivas del enclave que ofrece playas, naturaleza desértica y entretenimiento. Algunos de los problemas que han inhibido el desarrollo del turismo son:
- Deficiente comunicación terrestre con Arizona y California y falta de aeropuerto internacional.
- Saturación del cruce fronterizo de Sonoyta. Principal punto de cruce a Puerto Peñasco.
- Poca competencia y posicionamiento con respecto a otros sitios turísticos como Los Cabos, Playas de Rosarito y Ensenada.
- Turismo de bajo impacto económico (spring breakers) y saturación estacional de los escasos servicios turísticos.
Más recientemente, las políticas públicas y la iniciativa privada se han encaminado a fomentar el turismo con grandes inversiones privadas en hoteles de 3 a 5 estrellas y el turismo de segunda residencia basado en condominios. Además, las obras de infraestructura en proceso pretenden otorgar a la ciudad mejor competitividad y conectividad con los circuitos globales del turismo, actualmente se construye un aeropuerto internacional que conectará a las principales ciudades del sudoeste norteamericano como Los Ángeles, San Diego, Las vegas, Phoenix, Denver, entre otras. También se construye una carretera costera que comunica el extremo noroeste de Sonora con California y Arizona en Estados Unidos.
El Programa Mar de Cortés implementado por FONATUR considera a Puerto Peñasco uno de sus principales polos de desarrollo turístico por lo cual forma parte de los Centros Turísticos Integralmente Planeados (CTIP). El Programa Mar de Cortés considera que Puerto Peñasco debe tener un desarrollo turístico sustentable. Por ese motivo, se impulsa el turismo y las inversiones favoreciendo el equilibro entre la actividad turística y el medio ambiente, el desarrollo urbano y la aptitud territorial. Sin embargo, los planes y programas públicos chocan con la depredación ambiental de la franja urbana para el turismo, el crecimiento desbordado de la ciudad sin regulación y la ocupación del territorio sin medios redistributivos entre el turismo y la marginalización creciente de los pobladores locales.
El fenómeno del turismo tiende a intensificarse en Puerto Peñasco. En el año 2006 1, 751,810 turistas extranjeros visitaron el pequeño puerto. Actualmente Puerto Peñasco cuenta con una oferta de 10,924 cuartos, de los cuales el 30% pertenecen a la modalidad de hoteles y tiempo compartido (ver figura 2) y el 70% restante se refiere a viviendas de segunda residencia. Otra modalidad importante del turismo es la oferta de espacios (trayler park) con todos los servicios para los norteamericanos que viajan en automóvil.
religiosos:
Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana. La educación en los valores está de moda. La familia y la escuela, los gobiernos y diversos grupos sociales buscan enseñar y promover valores entre la gente, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes, aunque también entre los adultos.
La pregunta resulta necesaria: ¿cuáles valores? La lista de valores es inmensa. Existen, además, valores que son más apreciados por algunos pueblos y culturas, mientras que otros valores son menos apreciados. Los valores enseñados en el pasado no son los mismos que los enseñados en el presente.
Para responder, resulta necesario aclarar qué es “valor”. Se trata de una propiedad o una dimensión que descubrimos en “algo” y que perfecciona a quien escoge ese “algo”.
La definición es intencionalmente abstracta. Bajémosla a algunos ejemplos. Juan y Matilde tienen hambre. En la nevera encuentran quesos y jamones, tomates y pescado congelado. Cada uno de esos alimentos puede satisfacer, de modos distintos, el hambre de Juan y de Matilde: es “valioso” para empezar a comer. Si, además, alguno de esos alimentos es más saludable y permite cumplir con una dieta impuesta por los médicos, su “valor” aumenta, sin que el alimento haya cambiado, porque “perfecciona” más a quien lo come desde su situación particular.
En palabras más sencillas, el valor de “algo” (un objeto, una idea, un acto, una persona) consiste en su poder perfeccionar a alguien, a quien escoge ese “algo”, y mucho (no todo) depende de quién es ese alguien que escoge ese “algo”.
Nos damos cuenta de que existen un número inmenso de valores. El balón de fútbol tiene un valor muy grande para miles de niños, mientras que interesa muy poco a muchos ancianos. El color de la ventana es un valor para dos recién casados. El trabajo realizado con gusto es un valor para el campesino, el oficinista o el conductor de camiones. La participación en misa todos los domingos es un valor para los católicos que quieren vivir en serio su fe.
Entre la multitud de valores, descubrimos que unos son más importantes, más hermosos y más nobles, porque llegan a aspectos centrales del corazón humano. Otros valores, en cambio, tienen una importancia menor, porque quedan en lo periférico, o porque producen un resultado muy pobre (el placer o la autocomplacencia son resultados efímeros y vanos de quien escoge valores empobrecedores), o porque satisfacen un deseo pero dañan al mismo tiempo dimensiones profundas de las personas. ¿No es un valor conseguir más dinero, pero no es un daño enorme conseguir ese dinero a través de un fraude?
Las diferencias que existen entre los valores permiten establecer una jerarquía entre los mismos. Hay valores más importantes y otros más accesorios. Hay valores que llegan al espíritu y otros que miran sobre todo al cuerpo. Hay valores que promueven la unión y la armonía entre los hombres y otros que llevan al egoísmo y a la violencia. Hay valores que sirven sólo para la vida terrena y otros que llegan a la vida que existe tras la muerte.
Cuando entendemos lo que es un valor, descubrimos que casi siempre está acompañado por un “antivalor” o un “desvalor”. El valor de la solidaridad encuentra su antivalor en la insolidaridad. El valor del respeto tiene su correspondiente antivalor en el desprecio, etc.
A lo largo del siglo XX algunos filósofos elaboraron listas de valores y establecieron una escala de los mismos. Como un ejemplo, tomado del P. Joseph de Finance (1904-2000), podemos clasificar los valores en estos grupos:
a. Valores infrahumanos: existen realidades que valen para el ser humano en su dimensión más periférica. Por ejemplo, el placer, la fuerza física, la salud. Como dijimos, cada uno de esos valores tiene sus antivalores (el dolor, la debilidad, la enfermedad, etc.).
b. Valores económicos y “eudemónicos”: realidades con las que el hombre cree alcanzar cierta ganancia o beneficio desde el cual puede luego conquistar otras metas. Por ejemplo, el valor de la prosperidad, del triunfo, del dinero, etc.
c. Valores espirituales: realidades que valen porque permiten al hombre satisfacer sus deseos más profundos como persona, el conocer y el amar. Aquí encontramos los siguientes grupos de valores: del conocimiento (la verdad, la perspicacia, la memoria), de la experiencia estética (la belleza), de la vida social (la cohesión, la armonía, la solidaridad). También entran aquí los valores de la voluntad (fuerza de carácter, constancia). Algunos de estos valores se poseen de modo casi espontáneo; otros sólo pueden ser alcanzados después de un largo trabajo de formación y de esfuerzo.
d. Valores morales: son valores que tocan al ser humano en lo más profundo de sí mismo, en el uso de su libertad, en su responsabilidad. La enumeración podría ser larga, pero podemos mencionar los siguientes: la bondad de corazón, la rectitud de conciencia, la sinceridad, la autenticidad, la lealtad, la laboriosidad, la fidelidad, la generosidad, la servicialidad, la magnanimidad, la justicia, la honradez, la gratitud, etc.
e. Valores religiosos: son valores que se refieren a nuestras relaciones con Dios. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, el valor de la oración, de la piedad, de la veneración, etc.
Si analizamos algunos programas para educar en los valores, notamos en seguida la ausencia de muchos de los valores que acabamos de mencionar, y la presencia de otros valores que tienen su importancia, pero que no son esenciales para la vida humana.
Por ejemplo, se habla mucho de la tolerancia, del respeto, de la apertura, del diálogo. Pero se olvida que cada uno de esos valores (a veces son virtudes) están relacionados o dependen de otros valores (y virtudes) sin los cuales no se consigue nada.
En otros programas hay cierta confusión, pues aparecen como superiores valores que son inferiores, si es que no se llega a mezclar valores y antivalores. Hablar, por ejemplo, del valor del sexo como si cualquier acto sexual fuese “valioso” por el hecho de producir un placer es no sólo contraproducente sino dañino, y lleva a consecuencias dramáticas al fomentar el desenfreno y la adicción (dos antivalores) en no pocos adolescentes.
Una sociedad que haga de la belleza física, de la “línea” (aparecer ante los demás con una figura juvenil), de la fuerza o del dinero los valores más importantes ha perdido la cabeza y avanza hacia su desintegración profunda, con consecuencias funestas en las vidas de miles de personas.
Para evitar esos errores, cualquier auténtica educación en los valores necesita reflexionar seriamente sobre lo que es el hombre y sobre aquellos bienes valiosos que le permiten acometer su existencia humana de modo correcto y bueno. Sólo con una buena antropología podemos reconocer la jerarquía de valores que pone a cada cosa en su sitio.
Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana: su relación temporal y eterna con Dios y con los otros seres humanos. Luego siguen los valores del espíritu, que incluyen la disciplina mental para acceder a la verdad, para “retenerla” con una buena memoria y expresarla de modo claro y honesto; la fuerza de voluntad, que permite comprometerse en el trabajo, en el estudio o en las mil actividades de la vida familiar; la solidaridad, que lleva a los hombres a unir sus esfuerzos en la construcción de un mundo más acogedor; la justicia, que permite no sólo respetar los acuerdos o los derechos ajenos, sino promoverlos allí donde todavía son pisoteados... La lista podría ser muy larga, pero da una idea de lo urgente que es elaborar buenos programas de formación en los valores.
Una sociedad que sepa proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?
respeto al medio ambiente:
predicar con el ejemplo
Desde 1993 las empresas europeas pueden evaluar, informar y mejorar su comportamiento ecológico gracias al EMAS (Sistema Comunitario de Gestión y Auditoria Medioambientales).El sistema se aplica desde 2001 a organizaciones tanto públicas como privadas y la Comisión tomó la decisión política de predicar con el ejemplo y aplicar a sus propias actividades el Reglamento EMAS.
En 2005, cuatro Direcciones Generales y servicios de la Comisión obtuvieron la certificación EMAS por el respeto al medio ambiente en sus actividades cotidianas.Son la avanzadilla de otros departamentos que en un futuro próximo seguirán el mismo camino.
Con esta certificación, la Comisión pasa a formar parte del creciente número de autoridades públicas europeas que luchan por una gestión más ecológica de los recursos y procesos, basada en los principios de sostenibilidad y desarrollo sostenible.
Los edificios de la Comisión están ubicados en diferentes lugares.Sólo en Bruselas hay más de 50. Esto a menudo obliga al personal a desplazarse de un edificio a otro a lo largo del día para asistir a reuniones, etc. A fin de animar al personal a desplazarse por Bruselas de manera respetuosa con el medio ambiente (y, de paso, mantenerse en forma), los edificios de la Comisión cuentan con más de 200 bicicletas de servicio.Con ellas se efectuaron en 2004 más de 10.000 trayectos.
La Comisión tiene además acuerdos especiales con la empresa de transportes públicos de Bruselas (STIB/MIVB) que permiten viajar gratuitamente o a precio reducido en tres líneas especiales de autobús que cubren trayectos entre los edificios de la Comisión, el centro de Bruselas y el aeropuerto.De este modo los funcionarios se evitan desplazamientos innecesarios en automóvil.
En 2005, cuatro Direcciones Generales y servicios de la Comisión obtuvieron la certificación EMAS por el respeto al medio ambiente en sus actividades cotidianas.Son la avanzadilla de otros departamentos que en un futuro próximo seguirán el mismo camino.
Con esta certificación, la Comisión pasa a formar parte del creciente número de autoridades públicas europeas que luchan por una gestión más ecológica de los recursos y procesos, basada en los principios de sostenibilidad y desarrollo sostenible.
Los edificios de la Comisión están ubicados en diferentes lugares.Sólo en Bruselas hay más de 50. Esto a menudo obliga al personal a desplazarse de un edificio a otro a lo largo del día para asistir a reuniones, etc. A fin de animar al personal a desplazarse por Bruselas de manera respetuosa con el medio ambiente (y, de paso, mantenerse en forma), los edificios de la Comisión cuentan con más de 200 bicicletas de servicio.Con ellas se efectuaron en 2004 más de 10.000 trayectos.
La Comisión tiene además acuerdos especiales con la empresa de transportes públicos de Bruselas (STIB/MIVB) que permiten viajar gratuitamente o a precio reducido en tres líneas especiales de autobús que cubren trayectos entre los edificios de la Comisión, el centro de Bruselas y el aeropuerto.De este modo los funcionarios se evitan desplazamientos innecesarios en automóvil.
Edificios de la Comisión
El Berlaymont, edificio emblemático de la Comisión, presenta desde su reapertura en noviembre de 2004 toda una serie de radicales innovaciones en materia medioambiental.Así, posee un sistema de recuperación de agua que utiliza el agua de lluvia para sanitarios y riego de plantas.También cuenta con un sistema de cogeneración a gas y con fotosensores de movimiento que permiten ahorrar energía apagando automáticamente la luz cuando no hay nadie en los despachos.
Desde 2004, nuestros reglamentos internos sobre edificios garantizan que cumplan criterios medioambientales tan estrictos como lo permita su mantenimiento permanente, criterios que también deben cumplir los nuevos edificios adquiridos por la Comisión.
Desde 2004, nuestros reglamentos internos sobre edificios garantizan que cumplan criterios medioambientales tan estrictos como lo permita su mantenimiento permanente, criterios que también deben cumplir los nuevos edificios adquiridos por la Comisión.
Trabajar con nuestros vecinos
En nuestro trabajo y nuestra vida formamos parte de una comunidad más amplia.Por citar un único ejemplo, la Comisión colabora con el Gobierno federal belga y el Gobierno regional de Bruselas para recuperar el “barrio europeo” de Bruselas, que, con una combinación adecuada de edificios comerciales, residenciales y administrativos, puede volver a ser una zona viable, sostenible y animada para vivir y trabajar.
Como todas las organizaciones de la región de Bruselas con más de 200 empleados, hemos elaborado un ambicioso plan sobre transporte que anima al personal de la Comisión a limitar el uso del automóvil y, en su lugar, recurrir al transporte público, la bicicleta o caminar.
Como todas las organizaciones de la región de Bruselas con más de 200 empleados, hemos elaborado un ambicioso plan sobre transporte que anima al personal de la Comisión a limitar el uso del automóvil y, en su lugar, recurrir al transporte público, la bicicleta o caminar.
Preservar los recursos naturales
En los últimos cuatro años, la Comisión ha reducido a menos de la mitad el volumen de páginas que imprime anualmente.Al disminuir drásticamente la impresión innecesaria de documentos oficiales, el número de tiradas pasó de 220 millones de páginas en 2000 a 37 millones en 2003.Ahorramos unos 36 millones de páginas al año al no imprimir los anuncios internos de puestos vacantes, 50 millones gracias a una distribución más racional de las notas de información interna y otros 100 millones de páginas al año al dejar de imprimir la guía telefónica interna.
Desde 2003, las cafeterías y restaurantes venden toda una serie de productos con garantía de desarrollo sostenible y comercio justo.Cada edificio de la Comisión cuenta con cubos para el reciclado de recipientes de plástico y latas.
La Comisión recicla la totalidad de su residuos electrónicos.En Bélgica, los ordenadores se donan a la organización benéfica Oxfam Solidarité.En 2002 se reciclaron de este modo 12.000 ordenadores.
Desde 2003, las cafeterías y restaurantes venden toda una serie de productos con garantía de desarrollo sostenible y comercio justo.Cada edificio de la Comisión cuenta con cubos para el reciclado de recipientes de plástico y latas.
La Comisión recicla la totalidad de su residuos electrónicos.En Bélgica, los ordenadores se donan a la organización benéfica Oxfam Solidarité.En 2002 se reciclaron de este modo 12.000 ordenadores.



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